
Un duro aprendizaje, el que da título al primer álbum de este joven que empezó a componer tras irse a vivir con su madre a la pequeña Everett, cerca de Seattle, para después ser descubierto en Myspace por Los Campesionos!, quienes le ofrecieron publicar en su sello Turnstile. Como el falso niño genio J.T. Leroy, Hadreas parece componer como parte de una terapia. La comparación evidente es con el Sufjan Stevens más íntimo de “Seven Swans”. Pero hay algo en su forma de componer que remite a algunas de las bandas sonoras de Michael Andrews o a las películas de Gus Van Sant, además de a los cuentos de Leroy/Albert. Melodías de una belleza que desarma, canciones de una crudeza inusual interpretadas con el simple acompañamiento de un piano y que hablan de profesores homosexuales y suicidas que escuchan Joy Division, de padres que se llevan a sus hijas al sótano y madres alcohólicas. El tipo de adolescencia que nadie debería tener convertida en algo bello y soberbio.
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